23.3.09

Saludo

¿Qué hacés, Malísimo? Se te extraña che.

11.8.08

Grizzly

Yo, cuando no la escucho en el celular por las interfencias, gruño y pataleo.
Ella, cuando no escucha por las interferencias me dice: "Te escucho como un osito ronroneando".

9.6.08

Paipai III

Creo que al pasar tan cerca de él, algo se activó. Instantáneamente perdió el interés en la novia. La corrió bruscamente, eso fue lo que pude ver, porque al avanzar perdí la acción por la perspectiva.

Pero sentí que estaba tras de mi. Escuchaba los gritos inentendibles, de sonido grave y siempre al final de la curva melódica, un Paipai. Sentí miedo y decidí seguir caminando. Él no dejó de seguirme y en medio del hall me tomó del hombro. Quedamos frente a frente. Gritaba y movía su mano derecha de arriba a abajo, siempre terminando con Paipai. Entendí que me pedía plata y entendí que no se conformaría con el peso veinticinco que le había dado. Nadie parecía verme. Me sentí tan solo como para salir corriendo en dirección a la calle.

8.6.08

Paipai II

Cuando volví, al atardecer, estaba en el mismo lugar. El colchón. Sentado con los píes colgando. Debía ser su posición favorita. Sólo que ahora tenía a una chica acostada sobre sus piernas. Parecían contentos, ella le hablaba y él contestaba como podía: levantando el mentón y a veces extendíendolo en un gesto entre el desafio y la incredulidad.
Tuve tiempo de mirarlos porque el semáforo estaba descompuesto y titilaba en amarillo. Lo mismo hubiera dado si el amarillo no titilara porque la idea de intervalo no existía. No se podía cruzar. Entonces el tiempo se detuvo en la primera raya de la senda peatonal, ese espacio de asfalto reconquistado a la tiranía automotriz.
Tenían ciclos de algunos segundos: ella, que con la cabeza apoyada de costado sobre su entrepierna se movía levemente para decir algo, él hacía el gesto, ella se reía y él con una sonrisa le tomaba la nuca con la palma bien abierta la enterraba de narices en lo profundo de la inexistente bragueta.
Me empujaron con un golpe, vi la oportunidad y crucé casi sin bocinazos. Ésta vez elegí pasarle por al lado.

7.6.08

Saudade

Ella esta vez insistió: andá al médico. Otra vez, tuvo razón.

Malísimo, no creas que te olvidé.

18.3.08

Paipai I

Conocí a Paipai un día lluvioso. Estaba tirado en un colchón, en la vereda, yo esperaba el colectivo enfrente. Si bien había llovido toda la noche, aquella mañana apenas lloviznaba. El colchón estaba seco gracias al resguardo de un balcón y él ya no dormía, miraba alternativamente al cielo y a la calle, con los ojos inquietos, con la necesidad de levantarse.
Entonces gritó una frase oscura y completamente indescifrable, lo único que entendí fue paipai, al final. Nada pasó. A los pocos segundos volvió a gritar, esta vez más fuerte, de la misma manera incomprensible, con paipai al final. Con el segundo grito llegaron dos chicos de no más de diez años pegándose y empujándose, se peleaban por una botella de gaseosa. No, no se peleaban por una botella de gaseosa sino por la oportunidad de darle la botella a Paipai que la recibió a modo de desayuno. Para tomarla se sentó en el colchón, estirando las piernas que dejaban colgando dos sucios apéndices. Quizás fueran pies.

15.2.08

Conociéndote

- Hola, ¿cómo te llamás?

- Me yamo Yanina, ¿y vos?

- Arístides, encantado. Sabés qué, vengo siempre acá y nunca te había visto.

- ¿En serio? Yo vivo acá a dos cuadras, en el 5º B de Belgrano.

- Uy, pará que anoto

-risas-

- Che, ¿y te gusta la música?

- ¡Si, me encanta, está recopado este lugar!

- La verdad que si. Dejame adivinar... ¿sos de Virgo, no?

- ¡Ay no! ¿Por qué te pareció?

- Por el rulo que te cae cerca de la cara, es típico de las de virgo. ¿Tu comida favorita es el arenque, no?

-más risas-

- Nnada que verr. Me re caben las hamburguesas.

- Ah, claro.

- ¿Y a vos?

- Si, un par me caben. Más, no sé. ¿Y tu color favorito, cuál es?

- Mi color favorito es el turquesa, tengo todo de ese color, hoy tengo negro porque vengo de un velorio de la tía de una amiga de mi prima. Pero tengo todo turquesa, hasta las sabanas de mi cama son turquesas, ¿querés que te las muestre?

- Nno, dejá, dejá, ya sé todo de vos. Muchas gracias, adiós.

12.2.08

Mu, vaca

Tres vacas comen juntas. Una mira a la otra y le dice mu, mientras que la tercera, visiblemente dejada de lado, se pone celosa. Mu, se queja. Pero a las dos conversantes parece no importarles un yuyo lo que esta diga. “Un yuyo” es una expresión que utilizan las vacas habitualmente para referirse a algo vano y despreciable. Suertudas de ellas, dirán las vacas japonesas, que tienen que sobrevivir a las nevadas y al hacinamiento, sin pasto natural que comer. Las vacas pampeanas son derrochadoras. Otro caso es el de los sebues brasileños, todo un diferente cantar. Pero las vacas pampeanas no quieren ni pensar en ellos y en su exhuberancia tropical, ahora mismo deben estar bailando la samba.

Las dos vacas conversantes acuerdan: muuuu. La tercera muerta de envidia empieza a mu pelado. ¡Cómo mu me dejan de lado! La tercera era una rareza en la Pampa, la vaca de la discordia. A ella la habían traído desde un vallecito en Córdoba, cerca de Calamuchita, como a ella le gustaba decir en sus días tranquilos. Es una rareza porque es una vaca llorona y protestona. Se la pasaba en la sierra pegando agudos mus que despertaban a todo el mundo, incluidos los pumas y los pajaritos que hacen Ch, ch.

La primera vaca dijo mu, la segunda dijo mu y de esa manera le dieron lugar, al menos a la tercera en la conversación. Esta última muy contenta, visiblemente tranquilizada enfatizó, en orden a poner fin a la disputa acaecida: mu.

8.12.07

On center feel

Definition: The responsiveness and feel of the steering when the steering wheel is approximately centered. In a car with good on-center feel, the steering wheel tends to return to center when slightly deflected, assisting straight-line stability.

4.12.07

Mármol

Tengo una fuerte sensación de mármol. De piedra recorriendo mi sistema digestivo. Me desperté con ella, con la frialdad y el rigor del mármol atravesándome la garganta.
Pasó por ahí, con sus aristas agudas y romas al mismo tiempo. Hizo mella en el esófago. El frío. La rigidez.
Ahora muchos cubos del material -presumo que blanco- están estancados en mi estómago. No sabría decir cuáles de Carrara, cuáles de Florencia.
Sólo espero con ansias la regurgitación.